Insuficiencia Venosa

La insuficiencia venosa crónica es una afección en la cual las venas tienen problemas para retornar la sangre de las piernas al corazón. Si hay un problema en las válvulas de las venas, la sangre fluye en ambas direcciones, no solo hacia el corazón, por este mal funcionamiento se produce un acumulamiento de sangre en las piernas. Si la insuficiencia no se trata puede causar dolor, hinchazón y úlceras en las piernas.

Las varices son el signo más prevalente de la insuficiencia, pero no todas las venas visibles son varicosas, existen también las variectasias, telangiectasias o arañas vasculares y las varículas.

Los factores de riesgo para la insuficiencia son:

  • Genética.
  • Sexo: Con predominio en el sexo femenino en proporción 4:1.
  • Edad: Con mayor frecuencia entre 30 y 60 años.
  • Peso: Con mayor incidencia en obesos.
  • Gestación: Por tres mecanismos; Cambios hormonales, incremento de la volemia y aumento de la presión venosa.
  • Raza: Más frecuente en raza blanca que  en negra o asiática.
  • Sedentarismo.

Los síntomas de la insuficiencia pueden ser:

  • Dolor intenso, pesadez o calambres en las piernas.
  • Picazón y hormigueo.
  • Varices.
  • Edema.
  • Cambio en la coloración de la piel.
  • Eccema.
  • Úlcera.
  • Lipodermatoesclerosis ( endurecimiento y engrosamiento de la piel).

Se pueden realizar pruebas para detectar la insuficiencia venosa crónica, como: Ultrasonido dúplex de la pierna; Fotopletismógrafo con reografía por reflexión de la luz; ect.

La prevención de la insuficiencia venosa es muy importante, debido a que no existe ningún tratamiento definitivo que permita recuperar totalmente el daño producido en el sistema venoso. Existen recomendaciones y tratamientos para mejorar la insuficiencia venosa:

  • Adopción de hábitos de vida saludables: Evita permanecer de pie, quieto o sentado largos periodos de tiempo, no cruces las piernas sentado; Eleva las piernas 15 – 20 minutos al día; Dieta equilibrada y baja en sal; Ejercicio físico moderado de manera regular; Masajes ascendentes con geles fríos; Calzado y ropa amplios y cómodos; Evitar el calor, tomar el sol, depilación con cera caliente, saunas, braseros, etc.
  • Terapia compresiva: Usar medias terapéuticas, que cuentan con una mayor evidencia científica tanto a la hora de prevenir como de tratar la enfermedad. Ejercen presión decreciente desde el tobillo hasta la cintura (panty, medias cortas y largas) sobre las piernas para facilitar el buen funcionamiento del sistema de retorno venoso. Es importante que las medias se coloquen antes de levantarse de la cama.
  • Terapia farmacológica: Hay sustancias con efecto flebotónico (diosmina, oxerutina, ruscus, castaño de indias, etc.) que reducen la fragilidad capilar e intentan mejorar los síntomas. Son tratamientos complementarios y nunca reemplazan a la terapia compresiva. Pueden ser tópicos, geles y cremas, u orales, comprimidos y cápsulas.
  • Cirugía: Puede ser necesario en ciertos casos. Hay distintas cirugías; Escleroterapia (se inyecta solución salina o química en la vena, la cual se endurece y desaparece); Flebotomía (se hacen pequeñas incisiones en la pierna cerca de la vena dañada y se remueve); Láser o radiofrecuencia; Extirpación de las venas varicosas.

 

Autor entrada: Rocío Samper

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